martes, 11 de mayo de 2010

La Honestidad 4

Aprovechando que se había parado, se quedó sentada al lado de Lázaro, y de frente a mi.
Me causó gracias ver que Silvia dejaba abiertas sus piernas, mostrándome el triángulo de su tanga.

Nos ofreció un poco más de postre. Había quedado cruzada, así que para alcanzar la bandeja, se arrodilló en el sillón y paso su cuerpo por sobre el de Lázaro, sus tetas rozaron el pecho de él.
Me dí cuenta que ambos lo sintieron. Al sentarse, volvió a tomar la iniciativa.

“Lo que él no te termina de contar, es que llegamos a pensar cuál sería tu reacción si yo me insinuaba directamente” , “Como lo estoy haciendo ahora” dijo.

Los tres nos miramos.
Supongo que Lázaro, no entendía nada., y fue casí como un rayo cuando Silvia se le acercó buscando su boca.
Puso la cara de costado, y dejó que ella le metiera la lengua. El beso se prolongo todo lo que ella quiso. Mi amigo ni siquiera se movía.

Cuando termino con él se levantó y se acercó para besarme en la boca, lo hizo sin agacharse ni doblar sus rodillas con lo cual supongo que del otro lado Lázaro estaba disfrutando de una bonita vista del culo de Silvia apenas tapado por una diminuta tanga.

Silvia me seguía besando, y ví como Lázaro se ponía de pie y acercaba sus manos al culo de ella, se lo acariciaba con delicadeza.

Silvia se incorporó y lo enfrentó.

Lázaro sólo atinó a preguntar “Ustedes dos están bien seguros de esto?”

La respuesta de Silvia no se hizo esperar, con un solo además aflojó los breteles de su vestido en cual cayo lentamente hacia sus pies, se había quedado en bombacha y corpiño frente a él. Su ropa interior negra resaltaba más aún su blanca piel y sus pecas.

El la tomó por la cintura y trajo su cuerpo junto al de él. Se trenzaron en un beso.

Yo disfrutaba de la escena desde mi sillón.

El pasó sus manos por la espalda de Silvia y le desbrochó el corpiño, le sacó los breteles, sus tetas cedieron por la gravedad, era grandes y redondas, y se mantenían firmes a pesar de su tamaño. El empezó a chuparle los pezones, mientras que su mano busca por debajo de la tanga.

Al llegar a su clítoris Silvia soltó un gemido, se estaba entregando.

Mientras ellos se tocaban, yo me desvestí. Mi verga ya estaba dura. Fui por detrás y apoyé el culo de Silvia, tomé sus pechos y los levante para que se los pudiera chupar mejor.
El le bajó la tanga, y comenzó a desvestirse. Mi pija estaba apoyada en la raya de su culo. Lázaro terminó de desvestirse. Era extraño, pero a pesar de los años que nos conocíamos nunca nos habíamos visto en bolas.
Cambiamos de posición. Ahora era yo el que le chupaba las tetas y tocaba su vagina, mientras Lázaro la tomaba por detrás. Ninguno decía palabra. Los tres queríamos disfrutar de la situación y las palabras sobraban.

Nos quedamos un largo rato tocándonos.
Yo me fui al cuarto a buscar unos forros, al volver al living pude ver que él estaba sentado en un sillón mientras Silvia le comía la pija. El la acariciaba.

Ella estaba arrodillada sobre la alfombra con su culo en dirección a la puerta. Me sintió llegarle por detrás. Me arrodillé para chuparle el culo y la concha, eso incrementó el ritmo con el que ella le estaba chupando la pija.
Levantó el torso y mientras con sus manos lo pajeaba empezó a besarlo en la boca, le mordía lo labios, le buscaba la lengua.
Yo la tomé de las axilas y la ayudé a incorporarse, Lázaro se levantó para permitir que ella se acostara en el sillón.

Silvia quedó totalmente tendida en el sillón, abrió sus piernas, Lázaro se bajó para chuparla, y yo acerqué mi pija a su cara. Ella me pajeaba mientras entregaba su vagina depilada al juego de la lengua de él.
Me chupaba la pija con fuerza, sólo se la sacaba de la boca para emitir lo gemidos que le provocaba la lengua y los dedos de Lázaro. Sentí que su boca apretaba con fuerza mi pija, al mismo tiempo que tenía un orgasmo y entregaba sus jugos en la boca de él.

Lázaro buscó los forros que estaban en la mesita. Se puso uno.
Silvia se había sentado en el sillón y seguí pajeándome. Lázaro de sentó a su lado, y la tomó de la cintura. Ella entendió el juego y se sentó sobré su regazo, para facilitar que la penetrara, estaba tan mojada que casi sin esfuerzo quedó totalmente sentada sobre su verga.

Comenzó a montarlo al mismo tiempo que con sus manos buscaba mi pija, para alternadamente pajearme y chuparme.

Cuatro manos le estrujaban las tetas, ella gemía de placer.

Apretó su cola contra la pelvis de Lázaro cuando sintió que éste le estaba dando su leche.

Se quedó sentada con toda la pija adentro hasta que los espasmos de él fueron cediendo, se levantó y se volvió a poner en cuclillas, con la cara a la altura de la pija de Lázaro. Le quitó el forro, y le pasó la lengua a los restos de semen que le habían quedando chorreados por el tronco de su verga.
Yo la tomé por detrás, mojé su ano con mi dedo y comencé a penetrarla por el culo. Estaba tan caliente que no opuso ninguna resistencia. Empecé a bombearla, ella tiraba su cuerpo para atrás para que entrara toda, puso su mano en la entrepierna y comenzó a pajearse, con su boca buscaba volver a poner duro el pito de Lázaro que aún estaba fláccido después de la acabada.

No tuvo que trabajar mucho. Su miembro empezó a ponerse turgente, mientras la lengua de Silvia subía desde los huevos hasta el tronco.
Yo le cogía rítmicamente el culo, iba acompañando su paja. Sentí que su culo se apretaba, anticipando su orgasmo, el ritmo de su paja se hizo más rápido, se la metí con más fuerza hasta el fondo, sentí que su culo se contraía al mismo tiempo que mi leche le inundaba el culo. Junto con nuestra acabada, como para descargar su frenesí, se metió la pija de Lázaro en la boca, lo más profundo que podía. Sentí su arcada.

Le dejé la pija adentro. Y ella se dedicó a chupársela. Quizás por la situación, mi verga tardó más en bajarse. Cuando se bajo, se la saqué despacio del culo.
Ella seguía entregada a la verga de Lázaro. Lo estaba disfrutando de verdad.

El la tomó de la cintura, y la incorporó. El también se levantó. Le dio un beso en la boca, la dio vuelta y la apoyó en el brazo del sillón.
Silvia entendió sus intenciones.
Tomó un forro, se lo colocó, se arrodillo en el sillón y buscó el culo de ella. Ella apoyó sus brazos en el sillón y se incorporó un poco.
Ví como lentamente le entregaba el culo. Su pija se introducía a medida que Silvia se estremecía. Pude ver que la piel se le erizaba.

Como había hecho conmigo, pasó su mano y buscó su concha para pajearse.
Lázaro se la puso hasta el fondo, ella hizo una mueca de dolor, pero no ofreció resistencia ni dejó de moverse.
Tiró su cuerpo hacia delante y la montó totalmente, quitó la mano de ella de la concha y fue él el que comenzó a pajearla.

La pajeaba y al mismo tiempo que presionaba la pelvis y levantaba el culo de ella para poder penetrarla mejor.

La escena me había calentado de nuevo, mi pija estaba totalmente dura.

Escuchar a Silvia pedirle, me calentaba más,..”Cogeme, cogeme por el culo que me encanta” le decía, mientras disfrutaba de los empujones de su cuerpo.

Nunca la había visto así, tan caliente, saltándose todos los límites y llegando a pedirle que la cogiera a un tipo con el cual horas antes compartía una cena.

Dejé que la cogiera un poco más, disfrutaba de ver como le entregaba el culo.


Le pedí a Lázaro que se sentara en el sillón, que los dos le íbamos a dar a Silvia todo el placer que se merecía.

Se sentó, y la volvió a penetrar por el culo. Ella estaba montándose la pija por el culo de espaldas, yo me acerqué de frente, y apoyé mi cuerpo sobre el de ella, eso hizo que ambos se fueran un poco hacia atrás.

Me miró con cara de asombro y desconfianza.
Nunca la había hecho, y cuando busqué su concha con mi pija, puso cara de que no se iba a poder. Tiró su cuerpo más para atrás casi recostándose sobre el cuerpo de Lázaro, que no dejaba de bombearla por el culo.
Abrió un poco más sus piernas, levantó la pelvis, y gimió cuando comencé a introducirle la pija en la concha.
Lázaro paró su ritmo, para facilitarme la penetración.

Casi sin darnos cuenta habíamos coordinado nuestro ritmo, y cuando él la bombeaba, yo paraba, y cuando yo empujaba el disminuía su ritmo.
Silvia, no paraba de gemir. Nunca habíamos cogido de esa forma. Yo podía sentir la pija de Lázaro dentro del culo de Silvia. Y ella sentía la verga de los dos dentro de su cuerpo.

Estuvimos unos minutos cogiendo de ésa forma. Silvia no paraba de gemir y de pedir más. Estaba totalmente sacada. Buscaba alternativamente mi boca y la de él. Mordía, besaba, gritaba.

“Me están recogiendo”, gritó.

No sé si por la sensación de ser cogida por el culo o por la concha pero su acabada casi me tira al piso.
Mi pija se salió y mi leche se desparramó entre su vagina y su panza.
Empujó tres o cuatro veces más contra la pelvis de Lázaro por la inercia de su orgasmo.
Le pidió que se la sacara del culo, porque no aguantaba más.

Se dio vuelta, le sacó el forro y se la empezó a chupar a Lázaro.
Con sus manos le masajeaba los huevos y le acariciaba el tronco de la pija.

“Acabame en la boca”, le pidó. Fue entre una orden y una súplica.

Ví su primera arcada, al mismo tiempo que la cara de Lázaro se contraía y su pija soltaba la leche en la boca de Silvia. Sin dudarlo se la tragó toda. Me miró orgullosa de lo que había hecho.

Los tres quedamos desparramados en los sillones, sin fuerzas ni siquiera para ir a bañarnos.
Nos llevó un buen rato retomar la respiración.

Por un momento pensé “Ahora se viene lo peor” “Como se sale de esto?”
Nuevamente, para mi sorpresa, fue Silvia la que salvó la situación.
Se paró, agarró su ropa, me dio un beso, le dio un beso a Lázaro.

“Para que no haya malos entendidos, quiero decirle que la pasé muy bien y que lo disfruté” “Ahora me voy a bañar”

Los dos la vimos irse con todo su señorío. Ya no era la mujer que gemía y entregaba todo su cuerpo. Volvía a ser la señora de la casa.

Lázaro y yo nos quedamos mirándonos. No sabíamos que decirnos.
Yo sólo pude comentarle “No te quedes mal, porque a fin de cuentas era nuestra idea, y por suerte todos lo disfrutamos. Eso queda acá”

Sentimos que Silvia salía del baño. Fue directamente al cuarto.
Le ofrecí a Lázaro que se duchara. Yo fui a ver como se sentía Silvia.
Entré al cuarto y la encontré acostada. Le pregunté si se sentía bien. “Muy bien” me dijo “Aunque un poco cansada”

Me acerqué para darle un beso. “Espero que esto nos ayude a estar más juntos” me susurró.
“Pero como dije, para dejar las cosas claras, lo hice porque yo tenía ganas”

Lázaro salió del baño.
Me dijo que se iba. Intenté una despedida. Lo acompañé a la puerta.
No preguntó por Silvia.

Yo me duché y volvi al cuarto. Me hubiese gustado tener las fuerzas para volver a hacernos el amor.

A partir de ésa noche. Nuestra relación se hizo más fluída. Nunca más volvimos a hacerlo. Aunque muchas veces los recordamos e inclusive fantaseamos en como sería hacerlo con otra mujer.
Tal cual yo lo había pensado, la relación con mi socio todo siguió como si nada, aunque Silvia dejó de pasar por la oficina y las veces que por algún u otro motivo nos cruzamos los tres, la situación fué cordial.

Tiempo más tarde tuvimos la noticia de que Lázaro había encontrada una pareja estable, Silvia y yo no pudimos contener la risa cuando casi al unísono dijimos..

“Es una buena oportunidad para hacer un cuarteto”